Tres emprendedores cordobeses desarrollaron la primera plataforma de pago virtual para el agro. Una metodología que crece y que genera cada vez nuevas oportunidades para productores y empresas del sector.

No fue una entrevista más. Fue una experiencia multisensorial, una jornada que arrancó con la recorrida por una casa / oficina increíble; siguió con una charla de mutuo conocimiento, y continuó con la degustación de un asado con todo el equipo de trabajo. Un rato más tarde hubo una pausa para una sesión de osteopatía; y más relajados, cuando el fresco empezó a bajar de las sierras, justificó encender un fogón para compartir una guitarreada. Como corresponde, fernet en mano.

Es que AgroPago es muchas cosas a la vez: es una nueva modalidad de compra para el sector; pero también es un modo de concebir el trabajo, las relaciones, los espacios laborales y hasta la vida misma.

 

Así lo entienden Patricio «Pato» Bacigalupo, Ignacio «Nacho» Martin y Gonzalo Mas, quienes lideran este nuevo «unicornio», un concepto que según ellos no los define, pero que ayuda a dimensionar la magnitud de lo que están creando.

 

Una explosión

Actualmente, los socios de Agropago son cinco: los tres del Directorio (Patricio, Ignacio y Gonzalo), además de Gustavo Combes (Responsable del Área Comercial y Relaciones Institucionales) y Fernando Fracavilla (CTO). En menos de un año, conformaron un grupo de 30 personas, entre colaboradores y asesores. Una gran parte del equipo está en Córdoba, pero el área de IT en su mayoría está en Buenos Aires, al igual que el área comercial.

Pero esto no fue siempre así, sino más bien todo lo contrario. Luego de 15 años de experiencia como representante de la santafesina Ciagro en Córdoba, Patricio tenía el conocimiento del negocio, pero no las posibilidades laborarles de desarrollar nuevos proyectos comerciales.

Y decidió largarse solo, aunque el mundo todavía no estaba preparado. Le puso de nombre «Agropoint» a su visión y puso primera, pero el emprendimiento no anduvo como lo tenía proyectado. «Cuando arranqué con Agropoint llegué demasiado temprano al mercado, no había plataformas de pago», recuerda.

Pero el convencimiento estaba ahí, intacto. «Creo en una manera de hacer las cosas, no importa qué se hace, sino cómo y porqué. Cuando alguien cree firmemente en algo, es imposible pararlo», agrega «Pato».

¿Cómo funciona?

La APP permite pagar y cobrar on line con tarjetas rurales. Ellos procesan la operación de forma rápida, ágil y sobre todo, segura. «Ofrecemos una Plataforma Corporativa de un sistema integrado, destinado a empresas para que puedan cobrarle a sus clientes y distribuidores creando botones de pago», explican. Se hace desde una Aplicación móvil para que tanto productores como administradores agropecuarios realicen pagos de productos y servicios. Los beneficios son muchos: poder trabajar con todas las tarjetas agro de los bancos, con tasas diferenciales y competitivas, acreditación exprés, reducción de costos y tiempo de procesamiento, gestión administrativa personalizada, y soporte especializado. Se hace de forma sencilla: «te registrás, se elige la tarjeta, y se realiza el pago».

Para hacerla más fácil, es el «Mercado pago del agro», un concepto que a ellos tampoco les cierra mucho. Pero que permite que de esta forma, una gran variedad de rubros como maquinaria, agro insumos, semillas, fertilizantes, seguros, transporte, hacienda, combustible, ferretería industrial, etc. se comercialicen por esta vía. «Siempre productos relacionados al agro. Ese es el diferencial, porque sabemos lo que necesitan las empresas y los productores: estamos pensando en qué necesita el cliente», agregan.

Un intermediario eficaz

Básicamente, el productor pone la tarjeta pero los clientes son las empresas, a las que les dan las herramientas que hacen que le sea más barato, más dinámico y más rápido, con información disponible las 24 horas, que permite dar de baja clientes o distribuidores. «Entramos al mercado desde arriba», explican.

Según sostienen, son la primera plataforma online que integra medios de pago para el agro. Desde ese lugar, apuntan a facilitar la gestión del sistema de compras de los productores a través de las tarjetas de crédito agropecuarias, a cambio de una comisión cercana al 1% de cada transacción. Y no les fue nada mal. El año pasado concretaron unas 10 mil operaciones, y para este período esperan un flujo de negocios de 300 millones de dólares. Todo dependerá de la macro, sobre todo porque si bien el campo se mueve al ritmo de ciclos pre establecidos, estos pueden variar de acuerdo al ánimo de los productores.

Vértigo comercial

«En 6 meses fue de 0 a 100», admiten con una sonrisa. «Luego de la devaluación de octubre hicimos un pico de actividad de 70 clientes activos», agregan. Hoy están trabajando con más de 400 empresas a través de unas 10 mil operaciones. El año pasado procesaron U$S 100 millones, y esperan un crecimiento del 50 % o más para este año, siempre con los rubros del sector: maquinaria, semillas, transporte, combustible, ferretería industrial; para productores y empresas.

Consultados sobre la posibilidad de ampliar el rubro, confiesan que no sacan los pies del plato. «Vemos que en Argentina el maíz crece ya la soja cae, pero no caben dudas que el agro es el motor de América Latina: ya sea el café, la banana o los cereales», reconocen, por lo que la ampliación pasa por futuras expansiones a otros países, con alguno de los cuales ya están trabajando en firme, sobre todo México, después de lo cual pasarán a los países vecinos.

Lo que viene

En breve, tienen previsto el lanzamiento del cheque virtual o e-cheq, que representará un salto cuántico. Luego, pasar el canje de granos de físico a virtual. «En breve estamos saliendo con un e-cheq exento del impuesto al cheque, que para el volumen global de las empresas es un ahorro impresionante», afirma «Pato». En cuanto al canje de granos, agrega que actualmente hay grandes limitantes. Por eso, la idea es transformar el grano físico en un grano virtual y operar a bajos costos sin barreras de entrada.

«Hoy para recibir granos tenés que cumplir con muchísimos requisitos: estar inscripto en el Ruca, contar con soportes administrativos especializados, contadores, corredores, etc. Y esa es una de las principales fuentes de roces entre clientes y empresas. Por lo general, son servicios tercerizados. Por eso vemos ahí una oportunidad grande para nosotros», sostiene. En principio, la empresa la entrega a Agropago que recibe el grano físico y le devuelve una moneda virtual atada a ese grano, que la empresa recibe y procesa. Es una moneda virtual o digital respaldada por el grano y por la aceptación de la multinacional. «Ellos aceptan que Agropago le transforme la moneda en plata», sostienen.

 

Descontracturados. El equipo trabaja con una meta clara. Cada uno define el sueldo que quiere cobrar.

Todo por un sueño

«Pato» Bacigalupo insiste con la importancia de mantener el rumbo hacia la concreción de aquella epifanía que tuvo, cuando todavía el mundo andaba en otra cosa. Con una sonrisa, recuerda la anécdota cuando trabajando para una empresa proveedora de insumos, digitalizó la lista de precios y la publicó, lo que le significó un tirón de orejas del que ya no hubo vuelta atrás.

«La idea me quedó picando, y después de 12 años de no poder progresar me abrí solo, con los conocimientos, los contactos y clientes. En aquel entonces, empecé a crecer a través del e-commerce como Agropoint. Teníamos muchas visitas, armamos un centro de distribución, pero llegué temprano al mercado. No había una plataforma de pago on line. El día a día me llevó puesto. Y me fundí», recuerda. También destaca la decisión que le cambiaría la vida: «tenía dos opciones: o me deprimía o redoblaba la apuesta. Tuve mi tercer hijo, y arrancamos con Agropago».

Por esos días, unos productores de Jesús María los apoyaron con una pequeña inversión inicial de 30 mil dólares. «Llegamos a la primera operación con 300 dólares en la cuenta, con mucho esfuerzo. En ese momento, no teníamos el producto listo, pero la empresa mas grande del mundo de agroquímicos nos quería comprar la idea. Les dijimos que no, y al mes siguiente empezamos a operar. Arrancamos con 5 personas y en pocos meses ya estamos en casi 30. En el medio acomodamos todo».

Mientras tanto, vienen surfeando la ola. Creciendo rápido, pero con los pies en la tierra, y con su estilo tan particular. «Cuesta cambiar el chip, pero acá se trabaja de otra manera», dicen.

En esa casona que reformaron para usar de oficina en pleno Cerro de las Rosas de la capital mediterránea, se trabaja duro. Pero también fluye la meditación, el yoga, la osteopatía, la lectura y la música. A veces, salen de caminatas por las sierras. Es que a ellos, el campo les abrió una nueva manera de vivir.

Fuente: Campolitoral

Autor: Federico Aguer

 

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