En el Establecimiento «La Marcela» de la zona rural de 4 Esquinas, Tomás Layus transformó su campo agrícola en un sistema mixto, donde implementó una ganadería pastoril con trazabilidad, apuntando a cumplir las normas ambientales para estar al día con los desafíos pos pandemia.

El Ingeniero Agrónomo Tomas Layus personifica la cuarta generación de productores ligados al campo. Aunque es bisnieto de un irlandés que llegó a estas pampas a trabajar la tierra, se define como «más argentino que el mate». Algo de aquella inquietud ancestral lo llevó a estar siempre buscando salidas superadoras, ya sea militando en el gremialismo agropecuario en Carsfe, o intentando aumentar la eficiencia productiva de su empresa.

En este campo en particular, en el que siempre se realizó agricultura, implementó 10 años atrás un cambio sustancial que sería una bisagra en la historia del establecimiento, que hoy rinde sus frutos y que se proyecta al futuro sustentado en principios que una década atrás sonaban un poco raros, pero que hoy se imponen como los desafíos para el campo del mañana.

«Este es un caso testigo de una explotación que hace exactamente 10 años era un establecimiento agrícola 100%, y que lo fue por unos 70 años», le cuenta a Campolitoral. Pero en el 2010 se tomó la decisión familiar de explotarlo en forma mixta.

«La agricultura se lo había llevado todo, de manera que empezamos a transformarlo muy de a poco, siempre pensando en criterios ambientales y de buenas prácticas agrícolas y ganaderas», explica. Y agrega que se sistematizaron unos 30 kilómetros del campo con terrazas antierosivas, y luego se comenzó a introducir hacienda, la que hoy alcanza un plantel de aproximadamente 440 vacas con terneros al pie. En este momento están pariendo y se van a entorar unas 120 vaquillonas para así seguir creciendo en ganadería.

Equipo de trabajo. El sistema mixto permite que la gente vuelva a vivir al campo, conun proyecto de largo plazo en un ambiente confortable.

El bienestar como meta

«En un campo donde no había nadie hoy viven 3 empleados, uno con su mujer y su hijo», destaca Layus, para dimensionar el impacto social que tiene la ganadería. Para ello se edificaron 3 casas y un galpón con el sistema de construcción en seco, que permiten acceder a viviendas con todo el confort. El campo les brinda servicios de televisión por cable, internet y telefonía celular. Además se invirtió en aguadas, en una manga metálica, se compró un tractor, una camioneta, se hicieron alambrados perimetrales e internos. «Todo con gran esfuerzo y sacrificio. Yo soy la cuarta generación de un irlandés que vino en un barco, y hoy puedo decir con orgullo que mis sobrinos están trabajando acá, y mi hijo que es Contador Público también anda con ganas. Todas las compras las hacemos localmente, ya sea en 4 Esquinas o en Acebal; desde el gasoil, los servicios, la maquinaria y la ferretería. Queremos volver a la ruralidad», confiesa.

El origen del cambio

Para el ruralista, el cambio nació al cotejar algunas complejidades productivas del predio. «Es un campo con muchas pendientes, y los suelos también tienen algunas limitaciones para la soja y el maíz. Si bien siempre fue un establecimiento agrícola, decidimos entonces transformarlo en un sistema mixto, aprovechando todas las tecnologías disponibles para ser un campo de punta en ese sentido, con un marcado enfoque ambientalista y apuntando al bienestar animal».

En este sentido, el campo refleja la veracidad de sus afirmaciones, ya que en todo el predio se aprecia la inversión, ya sea en la zona de corrales, las viviendas ya las aguadas. «Le damos prioridad al bienestar animal en conjunto con el bienestar de la persona, del trabajador, que en ese sentido creemos que tiene que estar protegido frente a algún potencial accidente. El animal también tiene que ser tratado por lo que es: un bovino, que no tiene porqué sufrir. Nos aseguramos que se cumplan con todos estos requisitos», insiste.

Alambrados «verdes». Los postes son de Itín, un árbol que brinda sus ramas y que no necesita ser talado.

Y para que esos bovinos la pasen bien, necesitan agua y alimento de calidad. El sistema del manejo del agua que diseñaron permite trasladar un recurso de primera calidad hacia los animales en forma constante. Se trata de un tanque de 25 mil litros totalmente cerrado, lo que permite que no entre la luz ni haya fotosíntesis. De esa manera, sin vegetales, el agua es transparente y una muy buena opción para los animales. En el caso que el molino no funcione tienen una segunda perforación con una bomba subterránea, impulsada con un generador eléctrico. «Esta agua es de rotación rápida y sale muy fresca para el animal. Siempre está rotando, gracias a los dos tanques y bebederos con manguera que llevan el agua a los animales». Según el productor, al haber partido desde cero, siempre se pensó en la forma de encontrar un recurso renovable y amigable con la naturaleza. «El pico de la demanda está cubierto», asegura.

Manejo de la alimentación

En «La Marcela» utilizan un sistema de pastoreo racional con base alfalfa, y para delimitar los lotes usan un boyero eléctrico con pantallas (con electrificador y batería), a los efectos que los animales respeten los alambrados de forma natural. Las divisiones se hicieron con unos 800 postes de Itín (un árbol oriundo de Santiago del Estero) de 1.60 metros. «Es una rama, no hay que podar el árbol, la planta sigue viviendo y sacando nuevas ramas, a diferencia de otros árboles que se los extirpa o tala indiscriminadamente», destacan.

En esas pasturas de alfalfa con cebadilla los animales se cambian diariamente para cuidar que no sean pisoteadas. Se dividen con carreteles de hilo electroplásticos, que se levantan día a día para entrar a la nueva parcela. «Este año sobró pasto, por lo que hicimos rollos de alfalfa para cuando aumenten los requerimientos por las pariciones. Habitualmente no solemos tener tanto pasto, pero este año usamos los excedentes de primavera», explican. «No damos ningún tipo de suplementación de granos, queremos transformar todo el forraje en carne. Hacemos puentes verdes durante el invierno, con cebadillas de autosiembra y algunas avenas sembradas. Tenemos expectativas con las alfalfas grupo 9 que extienden mucho su uso durante todo el año».

Agua y alimento. El primer rquisito del bienestar animal es el agua. Molinos y bombas lo garantizan todo el año.

Una limitante de todos los establecimientos ganaderos es la sombra. «Si bien tenemos, en algunos casos es insuficiente, por eso recurrimos a una sombra artificial. Vemos cómo los toros se cobijan debajo de la misma. Los animales se mueven en silencio y total tranquilidad, a través de señas con banderas». Ni el caballo, ni los perros, ni los gritos intervienen en el movimiento de los animales. La raza elegida: Aberdeen Angus (mayormente colorado por su adaptación al calor).

Respecto de las mangas metálicas, explica que ofrecen mayor limpieza y seguridad para los operadores. «El cepo tiene muchas posibilidades para trabajar seguros en momentos como la vacunación, por ejemplo. También cuenta con una balanza para chequear a los animales en cuanto al incremento de peso, y tanto el animal como la persona están en un ambiente confortable».

En definitiva, el objetivo es producir una carne de características Grass Fed , sin agroquímicos, ni hormonas, 100% a pasto, de acuerdo a los preceptos de la «dieta paleolítica». La idea es aplicar a las normativas internacionales como el Global GAP (Good Agricultural Practises) o BPA en criollo. Saben que a mediano plazo la vara de las exigencias va a subir. «Pensamos en una ganadería pos pandemia, donde el consumidor va a exigir este tipo de cosas». Pero para Layus, esto recién empieza. «Tenemos muchos proyectos para aumentar la eficiencia productiva», confiesa con un entusiasmo que contagia.

FUENTE: Federico Aguer/Campolitoral

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