Alicia Rabasa tiene 76 años y lleva 48 investigando la genética y todo lo relacionado con el ganado bovino criollo. Hace unos días, a través de un Zoom del que participaron las autoridades de los cinco países que conforman la Federación Americana de Asociaciones de Criadores de Bovino Criollo (Famcriollo), fue elegida como la primera mujer presidenta en ocupar ese lugar a nivel de América Latina.

«Me eligieron por Zoom», se ríe y explica: «Normalmente se hace una asamblea y participan todos los países miembros y por votación se va haciendo un filtro. Esta vez, la decisión estaba entre Colombia y la Argentina, que somos dos mujeres las presidentas de las asociaciones locales».

Alicia viene de una familia cabañera que criaba Shorthorn en Villa Cañás, Santa Fe, pero por influencia suya empezaron a criar Criollo. «Cuando uno hablaba del bovino criollo era como mencionar algo novedoso, era una raza que no se parecía a las otras, no se conocía. Empezamos a estudiarlas con científicos», explica. Fue durante las primeras investigaciones sobre la raza que conoció a su marido Florencio Sal Paz, quien para entonces era el director de Leales del INTA.

«Trabajo con el bovino criollo desde hace muchos años. En 1972 se empezó con la recuperación de esa raza desde Leales del INTA, donde se hizo el primer rodeo y, fundamentalmente, se estudió lo que producía y con el Conicet se trabajó en la genética animal», agrega.

En 1985 se creó la Asociación Argentina de Criadores de Ganado Bovino Criollo para estudiar a la raza. Fue para entonces que los integrantes de la comisión expusieron las primeras familias en la exposición de la Sociedad Rural de Palermo. «A esas exposiciones se llevaron las pedigrees registradas de esa raza en el país. Eso significa que sabíamos la genealogía de los criollos», afirma.

En 2015, luego de un acuerdo entre los países participantes, se creó la Famcriollo que hasta la fecha estuvo liderada por varones. Los países que integran la Federación son Brasil, Colombia, México, Bolivia y la Argentina. Si bien Alicia lleva cuatro años como líder de la Asociación Argentina de Criadores de Bovino Criollo, ha pasado una vida investigando su genética, reconstruyendo el árbol genealógico de las familias y promocionando las virtudes de estos ejemplares.

La primera presidencia de la Federación estuvo en manos de Bolivia y ahora la Argentina juega como local de la sede del organismo que nuclea a las asociaciones regionales. En este caso, la presidenta y el secretario son argentinos. A la comisión directiva también la acompañan dos vicepresidentes que, en este caso, quedó en manos de otra mujer colombiana y un mexicano.

Alicia no solo es la primera mujer en ocupar el cargo a nivel regional, sino también lo hizo a nivel nacional desde la Asociación, cuatro años atrás. «De a poco las mujeres vamos ocupando lugares clave. Yo crié vacas toda la vida y me doy cuenta que, cuando las mujeres tomamos el control de algo, somos mucho más responsables y eficientes», asegura.

Uno de los objetivos que tiene por cumplir es crear comisiones que le permitan a la Federación ser más eficiente y específicas. «Queremos hacer proyectos de intercambio, con grupos de personas para la elaboración de estrategias de comercialización que le agreguen valor a la raza», remarca.

La Asociación local trabaja con cabañeros desde Jujuy hasta la Patagonia. Ahora, Rabasa plantea que, a través de la Federación, tratarán de preservar la raza como recurso subgenómico, cuya capacidad rústica es capaz de adaptarse a situaciones difíciles.

«Se hará, por un lado, produciendo material genético a través de bancos, buscar una difusión para que se conozca la raza, porque mucha gente no sabe ni cómo es la carne», asevera.

La propuesta se hará a través de proyectos extensionistas que lideran el INTA y el Ministerio de Agricultura. Además, se harán capacitaciones para técnicos sobre genética molecular del animal y se estudiarán junto con otros ejemplares de los países de la región. Solo en la Argentina hay alrededor de 40 cabañeros con 4500 vientres inscriptos.

FUENTE: Belkis Martínez/La Nación

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